Sin embargo, tampoco recordaba que cuando se lleva mucho tiempo consumida por el ocio hay ciertas heridas, carencias, necesidades PASADAS que se cuelan entre las pocas neuronas funcionales; todas éstas producto -seguramente- por el vacío de preocupaciones PRESENTES, REALES y REALMENTE IMPORTANTES.
¿Qué habría pasado si mejor hubiera...?; ¿cómo (no) se me ocurrió decir...?; ¿y si mejor...? Es decir, abrir ese mal sellado Baúl de los Recuerdos...
Ahora, ¿qué pasa cuándo no eres la única en casa de vacaciones?
A mi mamá -eterna trabajólica- se le ocurrió tomar una semana de vaGaciones para -digamos- hacer trámites. (Des)Afortunadamente, los terminó en tres días. Por lo que decidió empezar con la recapitulación de las historias que marcaron una época. Pero como la mentalidad hipócrita y desagradecida humana es negativa, obviamente el resumen fue bastante traumático.
El tema oscuro volvió a la mesa a la hora de la cena (almuerzo), alargó la sobremesa en unos 40 minutos e hizo del resto de la tarde, una suma de recuerdos y anécdotas no muy aventurescas. El día siguió su curso, y cada oportunidad de silencio se convertía en otro capítulo del Libro Negro de la Historia Familiar. ¡Inclusive! A la hora del café de mall -incluya aquí el humo de nicotina y la música ochentera de la cafetería- mi madre me salió con la frase final perfecto del día de ocio:
"Deberías escribir un libro de todo esto".
Durante estos días de ocio, he pensado seriamente en terminarlos pronto. Son esa época del año que -cuando llega- desearías que se fuera lo antes posible. Más que mal, la rutina y el estrés del resto del año mantienen tu mente preocupada de cosas IMPORTANTES, en vez de abrir ese mal sellado Baúl de los Recuerdos.


