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13 de octubre de 2008

“La cuenta, por favor”

No hay nada más reconfortante que la vida social. Nos hace olvidar el ritmo agitado de la rutina semanal. Aquello que nos mantenía estresados puede desaparecer con tu grupo de amigos y un pub que permita la diversión al máximo.
Me encanta el karaoke. Puede que no sea un ejemplo para a mi generación –que prefieren bailar o beber clandestinamente-, pero quienes me conocen saben que no existe otro lugar que reúna las características ideales de felicidad. Según un punto de vista muy personal, mi climax placentero ocurre con la risa, y en general, ésta se obtiene del acto vergonzoso de un tercero que provoca ridículo frente a una determinada situación. Y esto es justamente lo que provoca este tipo de establecimientos: la pérdida de pánico escénico, la vergüenza ajena, el horror de una voz desafinada y grupos de espectadores cantando el éxito del momento o el clásico de los ’80.
Todos estos ingredientes, unidos a un buen happy hour, pueden ser mi definición de una fiesta. Sin embargo, luego de releer artículo de Joseph Pieper varias dudas me han abatido. ¿Realmente encontramos la alegría en una festividad? ¿Es un momento de euforia social o una forma de escapar de los problemas diarios? ¿Cómo puede existir un aguafiestas que quiera quitarme las ganas de salir a divertirme?
De tanto reflexionar empecé a buscar, irremediablemente, el lado negativo de mi salida favorita. Y es verdad, nada puede ser perfecto. Cuando insistía por días enteros a mis amigos, jamás pensaba si para ellos salir a cantar era una dicha o una obligación. Mi personalidad impulsiva puede jugar en contra cuando sale a flote la egoísta-ingenua, es decir, la amiga que sólo vela por sus propios intereses y no intuye el posible desgano del resto de los participantes. Con lo anterior, le daría la razón a Nietzsche: “Lo difícil no es celebrar una fiesta, sino encontrar quienes se alegren con ella”.
Sin embargo, a nivel individual existe una razón de peso para que la fiesta pierda su esencia primera, y ocurre contrariamente en el último momento de ésta: al pedir la cuenta. Las intenciones podrían haber sido las mejores y los invitados haberse divertido en grande. Pero cuando ya quieres volver a casa y descansar de la agitada noche, el garzón lleva a la mesa el precio que debes pagar por la memorable estancia. Aquí es donde empieza el arrepentimiento de la diversión. Gastar el esfuerzo de trabajo de una semana (a veces más) en una sola cuota de gozo que duró unas horas. Dividir el consumo que fue más extenso de lo presupuestado, incluso ayudar a quien no le alcanzó, más propina. No me quejo, todo se mide a través de costo versus beneficio. El problema es darse cuenta tarde de que perdiste más de lo que ganaste.

Si Pieper tiene razón y la fiesta sólo es la perdida de productividad laboral, entonces sólo existiría una sola forma eficiente de celebrarlo a nivel individual. Para mí, sería durmiendo una siesta interminable bajo el sol de una tarde de primavera. Es lo único que no tiene precio.

23 de marzo de 2008

Perfiles Karaoke


No puedo negar que me encanta cantar... Pero a la hora de decidir dónde expulsar mis cuerdas vocales, siento que no hay mejor lugar que un Pub Karaoke...

¿Por qué?

Simple, no sólo tienes la oportunidad de compartir con los amigos y disfrutar una hermosa velada con los clásicos acompañamientos (música y amaretos), sino que tienes la oportunidad de observar a quienes te acompañan, y hacer una pequeña reflexión de los perfiles psicológicos de los presentes:


Grupo de amigos (unisex):
Este es el más común, el que casi llena el establecimiento. Se compone de un conjunto de personas de ambos sexos que llegan sólo a disfrutar de los apertitivos y a reírse de quienes tienes las ganas de tomar el micrófono.
Generalmente llegan allí porque alguna de las chicas (difícilmente hombre) insistió hasta el cansancio para terminar allí -esto incluye gritos, pataletas y toda clase de actos de manipulación-. Pero como el local tiene los requerimientos mínimos de una salida nocturna (alcohol y pequeñas tablas de cóctel) y se logran los principales objetivos (beber, comer, reir) deciden no enfadarse con la chica temperamental y disfrutan de una agradable velada.
Además, este grupo se subdivide en dos tipos:
El grupo "pre": Aquellos que desean prender los motores antes de ir a bailar a una discoteque de moda (alto presupuesto)
Y el grupo "peor es nada": A quienes no les alcanzó la billetera para entrar a la discoteque de moda y no les quedó otra que irse al pub vecino (bajo presupuesto). En general universitarios clase media.

Compañeros de Trabajo (After-work):
Segundo grupo mayoritario. Cuando las horas laborales sobrepasan los niveles de stress recomendados, éste singular conjunto de seres humanos termina en un pub karaoke para relajarse de la extenuante jornada. En general llegan allí por las mismas razones del grupo anterior (mujer escandalosa); en otros casos porque el happy hour es llamativo.
Ellos participan algo más del espectáculo nocturno, cantando en voz alta las canciones, haciendo ruidos y gritos cuando aparece una ranchera mexicana, haciéndose notar que superan los 28 años (en su mayoría). Y no pierden el tiempo, coquetean con la mesera, con la bartender, con las chicas del grupo de jóvenes o con quien se les cruce (Y en caso de las mujeres con cualquier especimen con más vellos que ellas).

Mujeres pasados los 30, desordenadas, escandalosas y bebedoras:
Este es el clásico grupo karaokero, el que definitivamente no puede faltar en una velada nocturna de desafinación. Se caracteriza porque todas sus integrantes son del sexo femenino y deseosas de acción (ya sea por una jornada laboral agotadora u otras razones). Dentro de ellas siempre hay una que tiene dotes artísticos, por lo que las amigas se preocupan de aplaudirla y animarla a seguir cantando (haciendo escándalo por supuesto).
Este grupo se subdivide en:
Solteronas: en general chicas que no tienen nada que hacer después de salir de sus actividades diurnas, no tienen pareja para compartir ni hijos que acostar, por lo que aprovechan sus horas libres en pasarlo bien, y en acosar a cualquier hombre para ver si logran una posterior noche de pasión y desenfreno.
Divorciadas, separadas, anuladas: Tienen hijos, pero la pensión alimenticia les permite tener una asesora del hogar que lleve a sus hijos a la cama, sus hijos son adolescentes que se cuidan bien por sí solos, o bien, no alcanzaron a tener descendencia. Ésto permite tener la oportunidad de compartir con las amigas (de similares características), y por supuesto acosar al grupo "After Work" de la mesa del lado para ver si logran algún prospecto de marido futuro.
Casadas: Este es el minoritario, pero existen. Y la razón de su aparición es porque o tienen una asesora del hogar empeñosa o maridos "mamones" que los cuidan.

Parejas:
Se caracterizan principalmente porque se sientan en los rincones del complejo artístico, escondidos, para tratar de no ser vistos por el grupo de escandalosos, las solteronas sedientas de acción o los hombres "after work". Suelen provocar envidia, y esa es la principal razón por la que se sientan escondidos (y porque las mesas de dos personas están distribuidas de esa forma). Se subdividen en:
Planes de conquista: Cuando el chico quiere lograr avances en la relación (a nivel de pololeo, nunca formal, porque la hubiera invitado a comer a un restaurant). Pagan a medias o paga él (dependiendo el nivel de confianza, o patudez).
Reconquista: Cuando la relación no va por buen camino y ambos necesitan un lugar público donde su conversación no sea escuchada por la mesa vecina. No cantan, sólo conversan, y miran para todos lados para asegurarse que nadie escuche su plática.
Término: Que mejor que terminar una discusión (o relación) en un lugar donde todos están pendientes de lo que beben y lo mal que canta la mujer escandalosa. Total, a la salida siempre habrá un taxi que los separe para siempre.

El borracho: Persona individual que no se sabe su procedencia. No pertenece a ningún grupo, y está básicamente recorriendo todas las mesas en busca de un conocido. Su notorio estado de ebriedad hace que todos se alejen de él, y busquen con la mirada al guardia que lo saque del local. En general causa gracia si decide cantar, porque será una ranchera o canción cebolla que lo llevará a la gloria por el nivel de aplausos sacados de la multitud.
Puede ser de cualquier sexo, edad, condición social, etc.

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No puedo negar que me encanta cantar, no puedo negar que me encanta disfrutar de una buena velada. Y si uno quiere conversar, discutir, disfrutar, reir, recibir aplausos y disfrutar de un rico amareto sour en compañía de quienes quieres, lo mejor....
ES UN KARAOKE
© Fumando un café - Blogger Sablonlari - Editado por Nattalia Sarria