Me lo busqué. Es un objetivo y no me detendré hasta que no queden esperanzas. Es una de las locuras más grandes que he hecho, pero al mismo tiempo, la que ha generado más adrenalina...
hasta ahora....
Un simple programa de televisión, pero una temática que llena cada célula de mi cuerpo con paranoia. He estado las últimas semanas preocupada por ver películas de misterio en vez de preparar los exámenes finales. Pero no puedo evitarlo. Es una sensación que a estas alturas no puedo describir.
Hace casi una semana regresé al canal, a pruebas de cámara de preselección. Una cámara frente a un escenario muy TVN, rodeado de rojo: silla, alfombra, paredes, aire. Y una filmadora al final, una que registraría mis poses, los movimientos de dedos nerviosos y la espinilla que brotaba en la frente, pero que estratégicamente distraje con mi flequillo.
Cerca de 40 minutos, presa de la habitación. Dije cosas que no debí, otras que exageré, unas que inventé y otras verídicas. Me imaginé a mi misma, en una habitación oscura mientras sentía ruidos de objetos; me imaginé hablándoles, conversándoles, preguntando todo lo que se me ocurriera. Si mi voz es mi mejor herramienta, ¿por qué no aprovecharla?
La cámara se apaga. ¡Olvidé tantas cosas! Pero fui yo, extrovertida, ¿eso es lo que quieren?
Luego el formulario eterno, y un permiso para utilizar mi rostro y nombre cuando se les antoje. Soy parte de algo. Ya no soy la independiencia, la libertad.
Ahora sólo esperar...
Puede que no me llamen, puede que esté en casa el verano. Pero ya jugué.
Y tú, ¿quieres jugar conmigo?



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