
Me sucede cada vez más seguido. Aquella sombra que se aparece cuando quedo en soledad, ese sonido incesante que me obliga a detener mi trabajo, el llamado de aquella alma inexistente que me incita a la distracción, esa llamada de auxilio... ese mundo de fantasía.
Tal como Alicia (que curiosamente coincide con el nombre de mi progenitora), me estoy sumergiendo cada vez más seguido en una historia que no me pertenece y a un mundo del que no soy parte. No sé cómo llegué a él, quizás es algo que va más allá de mi razón; lo único cierto es que mis dedos tiemblan, mi corazón se acelera y mi alma se estremece cada vez que mi mente se traslada a aquel lugar. Cada noche es lo mismo, buscar la respuesta a esas preguntas que, como si fueran capítulos, se deben ir develando en la historia...
Es horrible la sensación, sé cómo detenerla pero lamentablemente no estoy con el tiempo y las condiciones para hacerlo ahora. Siento que una magnífica vivencia se me va de las manos, necesito escribirla, pero estas semanas me lo impiden.
¿Por qué mi rutina arruina mi fantasía?
Esto de las dimensiones me supera. La terrenal me obliga a cumplir tareas de las que no quiero participar. Estúpido último año de carrera y próximo laboral que se acerca a pasos agigantados. Siento que necesito de nuevo un descanso. Pasar horas frente a mi cuaderno, escribir esta historia que me ciega de todo lo demás...
Tengo la sensación que si no saco pronto esta otra dimensión a la luz, me terminará absorbiendo el país de las maravillas para siempre...



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