27 de junio de 2011

Las distintas etapas de la decepción masculina

Escuché atentamente a dos mujeres sobre los cincuenta -ambas divorciadas- hablando sobre los hombres y sus relaciones con ellos. Para ellas parece ser tan simple, o al menos tan distinta la visión de una relación. "No tienes por qué preocuparte de quedar embarazada", fue una de las que más me causó risa. Sin embargo, creo que hay ciertos aspectos que, no importa las velas sopladas, las vivimos de igual manera, y éstas son el sufrimiento, el rechazo o la decepción.
Una que está en la mitad de los 'veintitantos', supone que después de varios tropezones y metidas de pata tendrá que llegar el momento de aprender lecciones, de ser más cuidadosa, de no enamorarte de hombres que no convienen, etc. Pero veo a estas dos mujeres, y noto que a pesar de las décadas de supuestas experiencias, siguen sufriendo igual que yo en mi inicio por el camino a la adultez.
Ese es el grave problema, mi esperanza era que pasados los 28 (al menos), tuviera un mayor número de neuronas para prevenir ciertas caídas, pero parece que no. Tengo la sensación que tendré que sufrir eternamente por mi exceso de ilusión y/o de imaginación que me llena el cuerpo cada vez que quiero llegar siquiera a pensar que puede existir el hombre para mí (ufff... **respirando después de esa frase eterna y sin comas**)... Esto, sumado al hecho que por alguna razón estúpida, el idiota al que tenía con un poco de interés, huyó como correcaminos al decirle una frase que para mí es de lo más obvia...
Y es que no sólo yo soy una mujer que vive dentro de un cuento de fantasía, parece que no sólo yo era la que se insertaba demasiado en la irrealidad y quien se salía de la realidad para olvidar su vida terrenal. El problema ahora es que es ÉL quien se quedó atrapado en un juego del que yo NO PIENSO salir a buscarlo, menos rescatarlo. Yo le advertí de los peligros del exceso de fantasía en la rutina.. y bueno, después de eso yo no tengo mucho que hacer... El problema es que ahora resulta que soy YO la desertora, yo la que no quiere participar del juego, ¿YO la del problema? No mi estimado, el problema no soy yo, ERES TÚ!
Pero, ¿ahora qué hago? Me quedo esperándote como tú quieres, ¿como una princesa atrapada en un castillo embrujado y que me rescates del horrible monstruo que quiere comerme?
¿O debo despertar del sueño, coger la espada, matar al dragón, cruzar la comarca y volver a casa?
Los cuentos de hadas deberían estar prohibidos. No sólo porque el príncipe no existe, sino porque NADIE NUNCA sabrá con certeza si su historia terminará con un 'y vivimos felices para siempre'. Puede pasar lo que le pasó a esas señoras, que después de años de matrimonio se aburrieron de sus obesos y patéticos hombres y buscaron en las fiestas y en las bebidas la entretención que necesitaban. O simplemente porque la vida no es fantasía, y cualquier día que despiertas te puedes encontrar a una marrana en la cama de tu marido. La suerte no es fantasía ni parte de la vida terrenal, es un azar del que parecemos estar presas cada segundo de nuestra existencia.
Lo que es yo, por ahora, prefiero preocuparme de divertirme y no quedar embarazada a soñar que algún día el príncipe azul me rescatará del dragón. Esto porque simplemente mi príncipe se quedó en ese cuento de hadas y ahora no quiere salir. Parece que prefirió quedarse a juntar puntos, recolectar piedras y a moverse en el mundo del rol estúpido y sin sentido del que es víctima hace semanas...

26 de junio de 2011

And then... you stop talking...

Creo que estamos confundiendo roles, o quizás sólo yo lo estoy haciendo...

23 de junio de 2011

And now what...

Me estoy perdiendo en tu mirada invisible, en esa palabra tierna y sincera que es tan distante pero que escucho tan próximo a mis ojos.... ¡Ese es mi problema!, te imagino como un todo, y sólo eres una parte, una que parece ser sólo comprendida por mí; el problema es que tú dices haber encontrado el entendimiento.
¡Sé que no es así! Sé que no sientes esos cinco años como debieran ser! Que has visto en mí a alguien que nunca has visto antes. Y que a pesar que, de hecho, nuestros ojos nunca se han encontrado realmente, sé que puedes ver todo de mí... tal como yo contigo...
¿Sabes lo peor? Me tratas, me hablas y me intentas engañar con palabras, las únicas que he visto de ti... Quizás sólo es mi imaginación, quizás sólo son nuestros roles los que me confunden... quizás es esa necesidad estúpida que siempre reniego, y que la imaginación, una vez más, me está jugando malas pasadas.

Sin embargo tus actos me hacen dudar... ¿por qué esas palabras, esos mensajes, esa preocupación? ¿Será que de verdad hay algo más para mi que sólo amistad? ¿Qué pasará con nosotros cuando llegue el día de nuestro encuentro? Falta, falta mucho, pero cada día que pasa pienso en ello. Quizás me decepcione, o quizás sólo aclare la nebulosa que se crea por hablar contigo sólo a través de la red...

10 de junio de 2011

Lecciones en terreno

Existe algo muy importante en el ejercicio periodístico, que JAMÁS me han enseñado en las aulas. Esa característica que no suele acompañar al chileno promedio, pero que sin embargo el prójimo suele agradecer (o al menos eso ha pasado en mi caso): SINCERIDAD.

Suele ocurrir cada vez que me toca un tema del que poseo conocimiento nulo (lo que es bastante frecuente dada mi irónica postura ante la vida: "seré más feliz en la medida que sepa menos"). Pero esto se acrecienta en aquellas llamadas desesperadas, esas que ocurren cuando un alma caritativa tuvo la deferencia de entregarte aquel contacto que nunca pensaste obtener. Esto, sumado a la carencia total de investigación previa, se convierten en la mezcla perfecta entre no saber qué hacer ni qué decir cuando ese importantísimo entrevistado contesta la llamada después de varios tuuuuut.

Mi experiencia, creo, es valorable. Antes de intentar el clásico chamulleo chilensis, en que creemos que la verborragia de lugares comunes del estudiante de periodismo da resultado, yo prefiero de buenas a primeras confesar mi idiotez crónica y probar la reacción de mi escucha. Afortunadamente -hasta ahora- no he recibido un tuut-tuut-tuut como respuesta, lo que creo bastante positivo. Y es que muchas veces, reconocer las neuronas consumidas puede generar cierta empatía con quien te escucha al otro lado del auricular. Si tienes suerte, querrá incluso hablar con lujo de detalles cada uno de los aspectos para intentar que uno entienda un poco de lo que se está tratado el asunto. De esta manera no sólo obtienes excelentes cuñas, sino que -por obligación- tienes que poner atención a cada detalle que dice (lo que al entrevistado le encanta también, por cierto).

Por eso estimados, mi consejo es y será siempre el siguiente: SIEMPRE reconócele a tu fuente -y desde un principio- que eres estúpido(a), antes que ellos lo descubran por sí mismos y terminen colgándote el teléfono.

© Fumando un café - Blogger Sablonlari - Editado por Nattalia Sarria