Detesto mis vicios y lo que provoca la abstinencia; cuando se acaba el café, o peor, cuando veo que sólo queda un cigarro en la cajetilla. Detesto no poder usar azucar, y tener que reemplazarla por sucralosa. Y eso es porque detesto no tener energía, tener exceso de sueño e infinitos deseos por volver a la cama.
Detesto dejar tareas pendientes, el tener una lista interminable de cosas por hacer. El ver que los días pasan y yo sigo estancada en la misma hoja, en la misma línea, o en el mismo minuto de edición. Pero lo que más detesto es perder el tiempo sin darme cuenta de cómo avanza el reloj.
Pero detesto aún más cuando me juzgan personas que no me conocen. Que digan cosas que no son ciertas, que son exageradas y sucias. Detesto que deban salir amigos en mi defensa y que me dejen como una princesa que se deja proteger por otros. Pero si algo detesto más, es cuando juzgan a mis amigos. Cuando los poros me piden capa de SuperWoman para protegerlos, cuando debo ponerle mi traje de abogada y convencer al juez que mis amigos no harían tan cosa. Pero si algo supera todo lo anterior, es cuando se le puso atención, desde un principio, a esa persona que inició los rumores.Detesto estar detestada...



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