24 de febrero de 2008

El Exquisito Dolor


Alguien me dijo una vez que en las relaciones amorosas hay una delgada línea entre el placer y el dolor. De hecho existe la creencia generalizada que una relación sin sufrimiento es una que no vale la pena tener, ni vivir...

La desilución de ver a un padre que te abandona, que deja a una madre sola a cargo de los hijos, y ver las lágrimas de la protegitora todas las noches me daban a entender que debía alejarme, de no sentir aquello que estaba presenciando... Pero la adolescencia llega sin aviso, y te das cuenta que hay escondido un corazón, con ganas de latir y ganar experiencias (siendo que el razonamiento intentó esconder de mis pupilas que tenía un órgano sentimental desarrollándose). Mi primera relación formal duró mucho, quizá más de lo que debería. Porque la soledad se convirtió en mi verdugo, y dejé pasar días, semanas, meses... Pero lentamente uno toma las riendas de la vida. Y a pesar de haber derramado lágrimas, maduré con la decisión de dejar atrás...

Para algunos el dolor implica madurez ¿Pero cómo sabemos cuando la madurez termina y el dolor empieza? ¿Somos optimistas o masoquistas?.

La soledad me acompañó lo suficiente, y era tiempo de volver a sentir lo que alguna vez corrió por mis venas de chica inexperta. Pasé por momentos y personas equivocadas, hasta que pensé que había llegado alguien que sería algo más... El tiempo puso en frente de mí que estaba en un error. El tipo era el equivocado. Pero aún así sentía que si ponía de mi parte las cosas podían resultar. Me gustaba estar atrapada de alguien que sabía, no merecía mi cariño, pero era tiempo de mandar a la soledad de vacaciones una temporada.
Pero el dolor continuaba, y yo, seguía aceptando y buscando excusas para no alejarme...

Cuando se trata de relaciones ¿Cómo saber cuando el dolor es suficiente? ¿Y cuándo es necesario decir "basta"?

Yo no dije nada, él me dijo todo... ¡Pero yo ya lo sabía! ¡Y antes que él lo notara! Pero tuvo el coraje de decirlo -no como yo- y eso me frustró, porque quedó como víctima, y yo como la malvada bruja que envenenó a la princesa. Camino a casa estaba furiosa, no con él, conmigo misma. Yo era la sadica. Él podía ser el que tenia el látigo pero yo era la que me habia atado... atado a un hombre que no me amaba y sentía temor de ser atado.

¿Alguna vez lo quise en realidad? ¿O era sólo adicta al dolor? Al exquisito dolor de querer a un hombre idealizado...

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© Fumando un café - Blogger Sablonlari - Editado por Nattalia Sarria